23 de abril de 2012

El entremés del Gorila


Este entremés de hoy puede molestar a personas sensibles, como tantos otros textos de este entorno amarillo. Recomiendo a esas personas sensibles que no continúen su lectura pues pueden surgir mal entendidos, pueden producirse ofensas cuando el propósito exclusivo de estas palabras es expresión pura, expresión mediocre.

Mi auto-degradación a chimpancé no es un auto-insulto si no un recurso expresivo en que retiro mi educación mediocre, antes que otra cosa, pero educación. Esa educación que me dieron mis padres con la mejor de las intenciones y que me pide siempre mucha prudencia, una prudencia que voy perdiendo poco a poco...Y en su pérdida llego al grito sólido. Una prudencia, evidentemente, verbal o, dado este caso, escrita que se escapa con mi auto-degradación consciente y recurrente. Entiéndase que auto-degradarme me ayuda a gritar sin miedo. A gritar para nada , bueno miento: para quedarme tranquilo. Dicho y redundado este procedimiento "chimpancipesco" comienzo este breve texto de hoy que dedico, expresamente, a todos los oligarcas de mi mundo. 
"La oligarquía" a que "critico" incluye a seres humanos que creen poseer el poder , adquirido o heredado, que creen ser más que los otros, que creen que están por encima de los otros, que piensan en servirse del poder antes que en servir a los otros (esos que les han dado el poder). Una oligarquía que, para mí, puede ser evidentemente: religiosa, política, económica, ideológica, comercial, intelectual,... Una oligarquía basada en la conocidísima: soberbia. Es hasta posible que algunos penséis que uno de los soberbios soy yo. Ustedes mismos. 

Ahí va el estúpido texto que escribí hace unos días en la Biblioteca Pública, donde es posible que me prohíban la entrada en breve (cu,cu):

Un Gorila subió a una montaña y comenzó a darse golpes en el pecho. Eran tan fuertes dichos golpes que llamó la atención del mundo. Todos comenzaron a mirar al Gorila y su montaña. Cuando tuvo la atención de todo el mundo comenzó a hablar, porque era un Gorila que podía hablar bien, fuerte y claro. Miró hacia un lado, miró hacia otro. Miró hacia delante y hacia detrás. Buscó su posición de inicio y dijo:

- ¡Yo soy el faraón!
- ¡Yo soy más! Todos debéis servirme. 
- ¡Mirad como golpeo mi pecho! 
- ¡Soy impresionante!

Y eso hizo. Golpeó su pecho de tal forma que su ego comenzó a brotar por todas partes. Su ego bañó ríos, mares, tierras y más gorilas.
¡Hasta hicieron jeroglíficos con él! 
El Gorila ya era más y no tenía que demostrar nada. De ser Gorila pasó a ser un mito. Todos sabían que ya era un mito vivo, y en el futuro también lo sabrían. Todos lo sabrían...jajajajajaja.

Y las ramas de los árboles continuaron moviéndose al son del viento y del ego, que incluiría para siempre el ruido de los golpes en el pecho del Gorila. Presente, pasado y futuro. Todo igual. Idem.

El Gorila dijo desde su montaña algo parecido a esta expresión humana:  ¡Groarrrr!  
Eso, su ego (y el marketing) fue suficiente. En ningún momento enseñó su culo al mundo pese a que su ego, de color orina, fluyó mezclándose con el aire mediante el viento....

Y las ramas de los árboles continuaron moviéndose al son del viento y del ego absurdo de unos pocos, incluso de uno: El Gorila.

Atentamente, un chimpancé que teclea en tiempos de gorilas. Pobre King Kong

1 comentario:

  1. Te he dicho mil veces que aunque ponga "anis del mono" y el de la etiqueta se parezca a ti, no puedes tomarte dos botellas antes de escribir.

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