9 de junio de 2011

A/A de Papá "M".

Hace unas semanas prometí a "M" , con motivo de su "embarazo", subir un nuevo capítulo de Ellas y Noé.
Con la mejor de mis intenciones ,y el mejor de mis deseos hacia él y todos los suyos, subo uno de los capítulos.
Un abrazo y muchas felicidades.


Almuerzo antes de la gloria

Rosario se encontraba en su lugar favorito; la cocina de la nave. No necesitaba mucha ayuda y le relajaba profundamente estar inmersa entre sartenes, peroles y platos. Hoy estaba preparando una fabada densa y a la vez fluida. De segundo unas setas que había traído Luisa del Bosque Cazalla. 

Cuando Rosario cocinaba de la manera en que lo estaba haciendo hoy es que esperaba a alguien. Muchas de las "tripulantas" le tenían expuesto un aviso intenso, en forma de pegatina, adherido a la nevera: 

“Cuando cocines algo abundante y delicioso: ¡Llámanos! 
Pamela, Carmen, Eva, Paqui “ 

Normalmente lo abundante era cuchareo, y así se decidía y proclamaba el almuerzo público. Con el cuchareo de Rosario todas sabían que la comida española consistía siempre en una invitación más que directa. ¿Quién podía preparar una fabada para una o dos personas? …Por supuesto cabía la posibilidad de congelar la comida pero después no era lo mismo. Así pues Rosario, animosa, había dado orden a Noé de que informase a las tripulantas de que estaba cocinando para las doce. Rosario informaba a las "tripulantas", del animoso acontecimiento, enviando mensajes de texto masivos a través de Noé. Mensajes amablemente invasivos por su eficiencia en llenar la cocina de la nave. 

      Al principio Rosario solicitaba confirmación de asistencia pero eso fue las primeras dos semanas de la expedición vital. Ahora mismo todo lo que sobraba lo introducía en fiambreras isotermas, con el exterior metálico, y lo enviaba a todas las "tripulantas" mediante un robot mensajero. El robot mensajero era especialmente estético. Su aspecto recordaba a una cucaracha con ruedas en lugar de patas. Era el más rápido de todos los robots y podía alcanzar la velocidad de un patín. En base a sus características de desplazamiento era bajo y ancho; todo lo contrario de los robots bombona, estrechos y altos, que eran los más lentos. 

Los ingenieros no lo habían hecho mal. De hecho el robot mensajero tenía la posibilidad de engancharse a un remolque plano u otro robot mensajero. Se habían dado casos de suministros urgentes y masivos en que robots “cuqui” (diminutivo de cucaracha) y remolques planos habían generado trenes de ciento veinte elementos, unos treinta y seis metros de largo, circulando a sesenta kilómetros por hora en los túneles; dentro de los túneles. 

Dentro de la nave cabía la posibilidad de movimientos de mercancías por vías sin atmósfera ni control de temperatura, pero no era lo habitual pues esas rutas necesitaban envases estancos, isobáricos e isotermos difíciles de manejar y con mucho mantenimiento. O sea un “tostón” de ruta. 

Rosario preparaba la fabada con ternura y sin olla a presión. El proceso de preparación era bastante más largo. Pero ella no tenía prisa. Mientras cocía las fabas con sus ingredientes, preparaba las ensaladas individuales; un goce para ella; troceaba los hongos; con diseños variados; organizaba la mesa para doce personas. Cubiertos y servilletas eran para Rosario una rutina de meditación. 

Amaba este tipo de engorros. Sinceramente los amaba y disfrutaba dado su trabajo en una tarea caduca como es la cocina. El arte culinario, o el placer culinario, desaparece en el placer de la degustación y termina en digestión. 

La próxima vez será parecido pero no igual. De ahí el goce de Rosario en el arte culinario y caduco. El arte que se come. O el placer de comer con arte y comerse el arte. 

A media hora vista de la citación aparece Helena en la cocina. Risueña de boca pequeña, y labio bajo grande, saluda a su compañera. Rosario es la antítesis de Helena en muchos sentidos pero, pese a ello, se llevan muy bien. 

      Rosario- Hola Helena. ¿A ayudar un poquito? 

      Helena- Pues claro. Para que concho estoy aquí… ¿Cómo lo llevas? 

      Rosario- Voy bien de tiempo. Y estoy disfrutando de lo lindo. 
¿Puedes coger las especias para el segundo plato? Encima de la nevera tienes el libro de lo que necesitan las setas a la "chinesse". 

      Helena- Sea. A sus ordenes… 

    Rosario- Esté atenta ayudante de cocina. No distraiga su atención- ambas sonríen sin dejar de mover las manos-. 

Rosario trocea un tomate pequeño en doce secciones y las deja como doce pétalos apoyados en la lechuga del centro con algunos toques de perejil. 
Coloca un film a modo de preservativo para que no se ennegrezca la lechuga sino se consume hoy. Con una pequeña bomba de absorción genera algo de vacío dentro del plato que contiene la porción de ensalada. 

     Rosario- Un plato de ensalada para dos terminado. Haz tú el siguiente. 

     Helena- ¡Si, señora! Escucho y obedezco. 

Horas después comieron todas con placer y buena compañía. Mañana seria otro día. Mañana despertarían las gorilas y, si todo iba bien, la mitad de ellas hibernaría en breve en su urna personal. Todo conforme a lo planificado.




Posdata: Texto registrado en Cultura para que se sepa quien es su autor. Poco me importa la valoración de estos textos cuando se apoyan en fantasías y situaciones como un almuerzo en medio de un espacio centrífugo. En medio de una nave espacial llamada Noé. Una nave espacial tripulada solo por mujeres (de ahí mi afán de "tripulantas"). Si queréis leer otros capítulos podéis hacerlo en esta misma bitácora. Mirad la sección  llamada: 
RELATOS en esta bitácora.  (a la izquierda de este texto)

  • Saludos.