10 de diciembre de 2010

BASTA


Rabia, siento rabia por ser una paja en un huracán. Así me siento y escuche la música que escuche ya no me conmueve ni me emociona, porque solo siento rabia, desazón y ganas de venganza. Pero ganas de venganza contra el sistema o el todo, no contra nadie en especial. Así me siento y hacía mucho tiempo que no me sentía así. Quizás es una sensación nueva que mezcla mis desesperaciones: La  personal sobre mi mundo y la impersonal sobre el mundo ajeno (que al final es el propio- paradojas del aburrimiento-).
Ya no es el desasosiego, ya no es el infortunio, ya no es una enfermedad vírica o micótica, ya no es un problema concreto, ya no es la muerte de una gran amiga que añoro...Ya no es eso.

Solo siento una intensa rabia que me domina por dentro pero no por fuera. Mantengo mi rabia contenida gracias a la ética y gracias a las ganas de mantener la cordura que se marcha.

Me siento como una caña flotando en un mar turbulento de heces, todo apesta a sulfuro de pirita, y más de mil millones de almas gritan.
Gritan y nadie las oye porque hay sordera general, sordera eterna.

¡¿Por qué?!
¡¿Cómo?!

Estoy harto y parezco un niño con ganas de dar una patada a alguna persona débil porque es más vulnerable. Estoy harto y tentado de ser el humillado que humilla porque en el fondo, en el fondo solo soy un cobarde y tengo miedo. Mi musa MJ alguna vez me dijo:

-Eres un cobarde. Por eso te quitas de en medio en los peores momentos, cuando más te necesito.

No compartía su visión pero siempre la entendí…

¿Por qué el sistema funciona como un mal par de glúteos?
¿Cómo podemos tener mil millones de personas pasando hambre en nuestro siglo?
¿Cómo podemos tener niños trabajando en las minas?
¿Cómo?
¿Por qué?
¿Dónde están las soluciones?
¿Ha muerto la generosidad?
¿Ha muerto la empatía?
¿Tengo que abusar de los otros porque abusan de mí?
¿Esa es la única solución?

Me he vuelto insensible y no puedo escribir con dulzura y equilibrio. Se me olvidó el equilibrio hace tiempo y sufro en mi rabia desesperada. Sufro para nada, pero lo que escribo va dirigido a ese ojo que todo lo ve:

¡El ojo de Pantuflas!


¡Pantuflas!
¿Qué pasa con los pobres?
¡Basta!

Posdata: mi amigo "LL" me enseñó a usar la palabra basta; antes no la conocía desde tan cerca.

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