26 de noviembre de 2010

Conversaciones sobre paraísos y cloacas



Mi amigo jota esta por estos lares y ,como siempre ,hemos discutido sin perder el control. Hemos debatido nuestras ideas desde alturas diferentes (el es un gigante larguirucho y yo un bajito con vello –que no bello-) En su raciocinio, que no es el mío, hemos visto imposible llegar a un acuerdo sobre el sentido de la vida y la razón de los problemas en general. Siempre nos pasa lo mismo. Me insiste constantemente en que le de las razones que justifican el hecho de que no pueda ser feliz. Incluso me envía enlaces de relaciones liberales a través de la red. No comprende que mi problema no es una cuestión de disfrutar de una mayor o menor cantidad de polvos; o, siendo más romántico, disfrutar del “amor” de una mujer. Mi problema no se resolvería con eso, aunque estaría más relajado; en eso sí estoy de acuerdo.
Entre la multitud de temas tratados, que con él siempre son muchos, me preguntó, en su cariñosa idiosincrasia larguirucha, que le explicase lo siguiente:

-          Si escribes en tu bitácora  porque no te gusta el mundo en que vives. ¿Por qué no envías tus textos a las secciones de opinión de los diferentes  periódicos? Leerían tus textos mucha más gente.

En primera instancia le respondí, delante de una cerveza sin alcohol, que no me lo había planteado porque la bitácora (entiéndase blog) simplemente es un grito ante las injusticias que llevo observando desde los quince años (no sé cuantas veces he usado este argumento, tan real y redundante, para justificarme). Ahora en frío  sí veo las diferentes razones que me llevan a no enviar “Cartas al Director”. Las enumero en esta botella flotante en el mar de bytes entre bytes.

Un periódico requiere la aprobación del equipo editor, o la aprobación de alguien;ya empezamos mal cuando no quiero ser:

-          Evaluado, valorado, estudiado, considerado, enumerado, calado, calificado, estructurado, clasificado, numerado, aceptado,…

Cuando solo quiero SER con los demás (lo cual es complicadísimo). Evidentemente, me comieron muy bien el coco mis amigos los Padres Blancos Misioneros de África y todas las personas con las que compartí mi pasado tiempo de oración. Una oración que, en el momento actual, no me sirve para nada. Siento estas palabras sin olvidar los mensajes que aprendí con todos mis amigos cristianos practicantes y coherentes (y cuando digo todos me refiero a misioneros y seglares).

Como solo quiero SER, o al menos intentarlo, me he cansado de la diplomacia y de las buenas palabras, que no de las buenas acciones cuando puedo (o acciones éticas que no perciba como “tontas”– asunto muy complicado-). Me he cansado de que el mundo sea de los hipócritas, de los mentirosos, de los falsos e, incluso, de los ladrones. Estoy harto. Estoy hasta las narices de que el mundo sea “de los lobos”.Y una bitácora en la red puede servir para gritar fácilmente sin aparente censura o juicios externos. Puede servir para gritar ante los lobos que aumentan y crecen en número y en tamaño. Evidencias de décadas , como la perpetua pobreza de millones de habitantes de nuestro mundo, demuestran mis sensaciones sobre “el mundo”. El mundo se acerca a una cloaca mientras no sea capaz de ofrecer dignidad y cultura a todo el mundo. Como siento que el mundo es una cloaca, grito alimentando con letras este entorno amarillo.


¡Mierda!
¡Hambre!
¡Mierda del hambre!


Mis conversaciones con jota tomaron otros derroteros de reflexión pero implicarían muchos más caracteres en este artículo “chimpancipesco”.

Un buen resumen es pensar que jota es feliz en su coto de relaciones profesionales y personales (aunque no deja de tener sus problemas); y que yo soy infeliz en mi obsesión por demostrar que el mundo es una cloaca y que esa cloaca, que todavía no ha llegado a mí, me afecta a pesar de mi “bienestar” de “necesidades cubiertas”.

¡Mierda!
¡Hambre!
¡Mierda de hambre!

Posdata a/a de Jota: querido amigo Jota, gracias por tu franqueza y gracias por estar aquí. Me alegra que podamos ver el mundo de forma diferente. Que escriba lo que he dicho arriba no supone ningún juicio respecto a ti; solo supone deferencias de opinión entre un hombre razonable y sano (tu) y otro hombre quijotesco con perfil de chimpancé (yo). Un abrazo.

Posdata general: odio que me valoren. Nunca me ha gustado, aunque suceda constantemente. No creo que esa obsesión por valorar personas, textos, acontecimientos, etc. sea realmente sana; aunque sea muy humana y considerada en nuestro sistema social y cultural.
Se le da demasiada importancia a la competencia y a la posición social (incluso a la casta). Por eso me gusta considerarme como un incompetente e, incluso, como un chimpancé. Me permito el lujo de mantener, si quiera, mi rango de primate. Cuestión de autovaloración de mi ego. Mi bajo ego. Mi ego submarino en amarillo.