11 de septiembre de 2010

Cuadernos perdidos.

Este pequeño artículo lo escribí el otro día en mi rincón favorito de Nervión. Entiéndase que es pura y sincera expresión. Entiéndase que es algo importante exclusivamente para mí. Me ha dolido mucho la pérdida de un tercer , y espero último, cuaderno manuscrito a lápiz; escrito a grafito. Gracias por comprender a un ser peludo que teclea en libertad.

Y ya van tres.

Recuerdo esa PDA marca guapa que me robaron en Torredonjimeno (Jaén). Fue una patada. Mi compañero de tajo lo sintió mucho…
Todos los textos del hada Casiopea y Oro Azul, que aparecen en el proyecto Esperpento, quedarán en su memoria y en mi PC. La PDA la robaron y lo denuncié.

También recuerdo ese cuaderno lleno de rabia; perdido en el IKEA. Otra patada que ya he descrito por aquí mediante mi enfado amarillo.

Recuerdo ese cuaderno con hipótesis chimpancipescas sobre el cuarto principio de la Termodinámica. No lo encuentro en mi taller, en mi estudio; no lo encuentro aquí. Eso fue otra “chingada”. Eso fue una patada en la entrepierna; un nuevo dolor.

Seguramente sea mi caos el que me abrumó en todos los casos. Seguramente. Pobrecito de mí.

Estos incidentes casuales y caóticos me animan a seguir hacia delante.

Lo siento por vosotros, de verdad. Lo siento.

Lo siento por el absurdo, de verdad. Lo siento.

Mis letras seguirán aunque estén perdidas en algún lugar. Seguramente olvidadas. Simples palabras. Palabras de un Chimpancé. Cuatrocientos gramos neuronales al servicio de las ideas sencillas y del enfado verbal. Único enfado admisible desde esa palabra que tanto amo; esa palabra llamada paz.