8 de abril de 2010

Jon y yo (lo siento).


Me dispongo a pronunciar una secuencia de caracteres que puede ofender a algunas personas sensibles. Sobre todo si son mujeres.
Os pido, encarecidamente, que no continuéis vuestra lectura por aquello de la ofensa de género.
Quiero dejar claro que mi objetivo no es ofender pese a la brevedad, y tosquedad, de este apestoso artículo.
Me hace gracia saber y ser consciente de que escribir cosas de mi mundo, y el de otras personas con las que convivo, puede resultar incómodo, inoportuno o doloroso hacia la opinión pública, o hacia gran parte de la opinión pública.
Lo siento... me va ha dar igual y ejerceré esa libertad expresiva, aunque no oportuna, que padezco desde hace más de un año.
Estáis avisados y avisadas en este entorno amarillento y marrón.
¿No os resultan curiosos los colores de este blog?
Por esas cosas del aparente destino estoy en un nuevo curso de formación de, en esta ocasión, ofimática avanzada. A fin de cuentas paquete Office 2007 a plena carga. Todos los días me acuerdo de Bill Gates y su reinado en el mundo del software ofimático y no ofimático. Pero, evidentemente, no voy a escribir asuntos didácticos sobre el curso si no asuntos “paralelos” que surgen de la relación con los nuevos compañeros (la mayoría tíos –hecho de menos a Electra. ¡Hufff! ¿Dónde estas preciosa Electra? ¿Cómo te va?-).
La breve idea de hoy, esa que estoy desarrollando, proviene de una breve conversación con Jon. Jon es un varón gordito como yo que gusta de conversaciones claras, directas y sencillas. Como es normal para hombres que se comen menos que “Los Ropper” hemos hablado de prostitución. Esa profesión tan antigua que sigue siendo un tema tabú pese a la abundante pornografía; pese a la abundante liberación teórica de la mujer; pese a estar en un siglo XXI donde se puede hablar de sexualidad y sexo con calma; pese a todo esto…la prostitución sigue siendo un tema tabú e inadecuado. Así lo siento y así lo escribo.
La clave de hoy no es erótica, romántica, de revolcón si, o de revolcón no. La clave de hoy, se apoya en la palabra necesidad. Mí amada palabra de intenso significado: Necesidad.
Y hoy, más que nunca, escribo de necesidad de fornicación. De fornicar y fornicación se trata. No os molestéis porque es un acto que lleva sucediendo desde hace millones de años. No me vengáis con milongas y complejos ofendidos de hipócrita evidencia o hipócrita necesidad. Necesitamos fornicar y el cuerpo lo pide a toda potencia. El cuerpo lo pide como si fuesen los graves de un equipo de música que se expande hacia nuestras células. Cada célula queda llena de hormonas. Cada célula se intoxica de ellas inundándonos de deseo.
El cuerpo pide guerra, sexo, caricias, provocación. Pide movimiento…El cuerpo pide. Y el cuerpo pide más aún en primavera (puñetera estación de destape por etapas y cortejo animal). Alergias y atracciones se mezclan , sin quererlo, directamente en la sangre de muchos varones.
Ante este estallido de hormonas…
¿Qué hombre falto de cariño, o sexo, puede frenar tanto empuje?
Jon y yo, el chimpancé que escribe esto sin ser un experimento, lo pasamos muy mal en primavera y en verano. Jon tiene claro que en cuanto cobre el desempleo va ha visitar a una amiga para que le haga un lavado de cabeza por 35 euros. He de reconocer que es un buen precio por mucho que os moleste a las mujeres que escriba esto de “aquesta esperpéntica manera”.
Me calma un poco pensar que en cuanto me acostumbre de nuevo al “destape parcial” me relajaré un poco. El nudismo no sería una mala idea. En mi caso gastaría menos aún en ropa y estaría más entretenido observando con la baba caída.
Amadas mujeres:
¿Sabéis, realmente, lo que supone veros andar moviendo los glúteos naturales sin colapsarnos o petrificarnos?
No lo sabéis.
¿Sabéis, realmente, que se siente por dentro cuando dejáis un escote pronunciado y miráis intensamente a un hombre?
No lo sabéis.
¿Sabéis, realmente, que se siente por dentro cuando en lugar de elegirnos elegís, siempre, a otro?
No lo sabéis.
Como me considero un hombre de paz. Amo y busco el sexo en paz y sin guerra. Para tenerlo, más de una vez, he tenido que pagar. Si eres feo, gordo, imprudente o todo eso a la vez te quedan pocas opciones más para probar bocado.
No me considero feo, y tampoco considero feo a Jon, pero no soy un tío interesante para las mujeres. Nunca lo he sido. Evidentemente si el cuerpo te pide guerra y no la tienes ;si blanquear el techo (idea de Supercop) no es suficiente;…Evidentemente pagas.
¿Por qué no le preguntáis a algunas órdenes religiosas avanzadas que es lo que hacen con sus sacerdotes cuando se les suben las hormonas hacia las nubes?
Pues la orden, dignamente, les paga una prostituta para que se desahoguen.
No lo sabéis porque no sois varones heterosexuales como yo.
Hay mucha presión; sobre todo natural. La naturaleza pide sexo y paz. Pero primero pide sexo y, solo después, pide paz.
Evidentemente hay que seguir por este extraño mundo y hay que fornicar pagando. Sobre todo cuando uno abunda en despropósitos o no es atractivo (no sé donde situarme).
Jon y yo, entre muchos, seguiremos pagando de una forma u otra. El sexo y la forma de vivirlo en nuestro siglo XXI es así. No hay otra aunque el calendario tenga dos cifras en la columna de los millares. Solo son dos cifras insignificantes en la vida sobre esta sorprendente tierra sexuada.


Saludos a los ofendidos y ofendidas.
Saludos a los que me comprenden.
Saludos a las que me comprenden.
Saludos Carenados.

Saludos calientes en primavera.

¡Guapas!
¡Buenas!
¡Apetitosas Mujeres!

Naturaleza sencilla en Eterna complejidad.
¡Medusas en paz!

Comida para los pobres de la carne.
Antiguo y moderno oficio.
Goce prohibido;
Para los ausentes del cortejo y su éxito.

Goce prohibido:
Para los negados.
Para los fracasados.
Para castos de fe.

Posdata: dejo aquí un artículo antiguo sobre estos asuntos donde expreso lo que pienso sobre la histórica prostitución.
http://www.constantinocarenado.info/2009/09/sobre-la-prostitucion-de-toda-la-vida.html