19 de abril de 2010

El decreto de 1996




Fran, un nuevo compañero de prácticas formativas, me ha pasado este “antiguo” decreto de John Perry Barlow (1996),
El documento tiene mucho encanto pero, para mí, es demasiado optimista. Ojalá que la red fuese todo lo que él plantea en cada uno de los artículos de su decreto.
Para mí, francamente, la red es muy interesante pero no es idílica. La cuestión es que existen unos cuantos personajes que , aprovechándose de la poca capacidad crítica de algunos lectores , están incrementado su ego para considerarse Mesías o , si quiera, mesiánicos.
Me asusta un montón que haya personas, a las que aprecio tras tratarlas, que estén planteando unas ideas propias de la ciencia ficción, y su fantasía, como si fuesen reales.
Me asusta que haya personas, con sus sentimientos e ideas, que al creerse en la posesión de su verdad hablen de fe. Fe en ideas apoyadas en la ficción, ciencia ficción y fantasía en general. Me asusta y me asusto sin faltarles al respeto porque tienen su corazón. Solo espero que sus líderes no usen su capacidad de convencer para hacerse mal a ellos mismos , o para hacerle mal a los demás. Eso espero y deseo desde la discrepancia del escepticismo. Desde mi escepticismo. No pretendo ofenderos, solo pretendo moderaros si leéis esto alguno de vosotros.
Pienso, en el fondo, que estamos vacíos (como decía el marido de mi amiga Rosa) y muchos necesitamos llenar ese vacío con la fe y su esperanza. Necesitamos esperanza en “algo”.Es algo natural que da sentido a nuestro mundo de personas y cosas.
He localizado hombres que sin ser malos, no hablo de eso aquí, generan una esperanza apoyada en una fe soportada, a su vez, en un cúmulo de argumentos que están sacados de la ciencia ficción.
¡Y he leído tanta ciencia ficción que hasta la escribo!
¡Hay que fantasear!
¡Bravo!
¡Pero las fantasías son fantasías!
¿Es tan difícil?
La red, como herramienta comunitaria y flexible, puede pecar del defecto de la falta de crítica. Puede pecar de falta de reflexión. Puede pecar de proposiciones deshonestas de hombres con necesidad de aumentar, por la razón que sea, su ego. A todos nos gusta que nos quieran y , en correspondencia, dar cariño y seguridad. Somos primates.
Y en tiempos de crisis…aumentan las posibilidades de captación de nuevos miembros para cualquier epopeya. Respetad desde la paz y desde la concordia a los que opinan de forma diferente. Por favor.
Atentamente Constantino Carenado. Ahora sí soy un hombre que habla con respeto a personas que están en la red y se creen todo lo que leen , o escuchan, junto a la palabra “verdad” o “mi verdad”.Una verdad no confirmada por el método científico. Y el método científico es el que nos va enseñando como funciona la naturaleza y nuestro mundo.
La ciencia no entiende de fe, la tecnología, su hermana pequeña, tampoco debe entender de fe. La ciencia entiende de futuro y si hay alguna fe de la que pueda escribir , es la fe en mi mismo al escribir estas palabras con miedo.
Tened cuidado. Y, para evitar mal entendidos, no hablo de los entornos que frecuento, si no de los que frecuentan algunos amigos del mundo real a los que aprecio y que no pasan mucho por este entorno marrón. En mi exploración vital empiezo a encontrarme con entornos extraños en que participan personas reales. Respetad a los demás y a vosotros mismos. Gracias.
Este decreto tiene mucho encanto porque habla, básicamente, de libertad de expresión. Me encanta la libertad de expresión, se me nota, pero también me encanta la libertad de pensamiento y la libertad de reflexión.Me encanta el pensamiento crítico en base a lo que sé. No tengo esfera de cristal ni creo en ella más allá de una buena historia de fantasía y ciencia ficción.
En fin. Estoy aquí y este decreto de John Perry Barlow merece ser publicado y leído. Más aún en tiempos de “la ley de economía sostenible” y del Manifiesto contra esta ley:

“”
En 1996 John Perry Barlow autor de este decreto.
1. Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquella con la que la libertad siempre habla.
2. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.
3. Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado.
4. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto publico de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.
5. No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.
6. Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creara según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro.
Nuestro mundo es diferente. El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.
7. Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
8. Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.
9. Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia.
10. Aquí no hay materia. Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física.
11. Creemos que nuestra autoridad emanara de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no
podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer. En Estados Unidos hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben renacer ahora en nosotros.
12. Os atemorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más
angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquel sobre el que las alas baten.
13. En China, Irán, Alemania, Francia, Reino Unido, Rusia, Singapur, Italia, Estados Unidos, ESPAÑA y etc. Estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un pequeño tiempo, pero no funcionaran en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.
14. Vuestras cada vez mas obsoletas industrias de la información se perpetuarían a si mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado.
En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser realizado por vuestras fábricas. Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante.
Debemos declarar nuestros “yos” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
15. Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.
””

Posdata para Fran: muchas gracias por el decreto. Lo que comento antes de expresar el decreto de John Perry Barlow no tiene nada que ver contigo; tiene que ver con otras personas, básicamente amigos , que me ofrecen ciertas conferencias de objetivos extraños y ambigüos. Creo, desde mi perspectiva, que era el momento de hablar de estas personas “extrañas” a las que aprecio y con las que discrepo desde la paz y desde el debate.