13 de febrero de 2010

Pitidos en la ciudad










Esta breve poesía surgió espontáneamente el otro día. Muchas veces, más de las que he deseado y desearé, he pensado lo mismo que en este momento “poético”. Pero, con franqueza, cuando percibo los pitidos de esos instrumentos llamados autos; noto que somos lastimosos, por no decir lamentables, al establecer prioridades en nuestra vida y actos. La moda nos lleva sin la reflexión de la auténtica necesidad.
La distinción que da un gran auto, último modelo, o un utilitario para desplazarnos a doscientos metros de nuestro destino.
¿Es necesario tanto desplazamiento en coche?
¿Para que tenemos las piernas y sus pies?
¿Es necesario, en una ciudad, usar el coche para ir al barrio de al lado?
Parece que sí ; y precisamente Medusa, que no podía faltar en este artículo de hoy, se comporta, en esto de los autos, como una señora de verdad. Siempre va detrás y siempre tiene un conductor diferente. Aunque muchas veces es su propio marido… Cuando se pierde ,por la tarde o por la noche, solo cambia el conductor. Es lo que hay. Y no es bueno o malo; solamente es.
Para terminar esta “introducción”, más larga que el propio artículo, una última parrafada:
Si alguno de ustedes, o alguna, quiere montar un negocio rentablesolo tiene despertar una nueva necesidad por la que la gente pague o, también es posible, solo tiene que cubrir alguna necesidad por la que, esa misma “gente”, también pague. La cuestión es que el verbo pagar siempre esté presente,y dirigido hacia tu interés , cuando los otros se dan cuenta, o incluso, cuando los otros “no se da cuenta”. No importa que se den cuenta o no; solo importa que , de alguna manera, paguen. Es muy sencillo.
¡A pagar, en este caso, gasolina y chapa! (la chapa del coche nuevo y último modelo)

I )
La avenida indistinguible
Previa al pedante insano
Que yendo como peatón
Solo ve los atascos.

II)
El coche de puerta a puerta.
Nueva costumbre.
¡Nuevo Engaño!
Engaño y atasco.

III)
Necesidades artificiales.
Hábitos vacíos.


Os aprecia: El pedante insano.
O sea: Constantino Carenado.    “El caminante”.

N.B.: Entiéndase que el atasco observado es sin lluvia y con una temperatura ambiente de quince "graditos". Sevilla en Invierno es "muy caliente".
"Caliente" como Medusa; y "caliente" como yo mismo.