6 de enero de 2010

Mi amiga la Ilusión

Esta noche es una noche de ilusión. Esa ilusión, que he vivido intensamente de pequeño, quiero compartirla un minuto con vosotros.
Esta forma de compartir, mediante un texto, es para gritaros que este tipo de días, con sus noches, son necesarios en nuestra cultura y en cualquier cultura. La tradición cristiana de los Reyes Magos ha sido muy importante para mí; aunque ya no lo sea. Es tal esta tradición, y lo que significó cuando era niño, que doy gracias por su existencia o su invención cultural. Desde mi triste agnosticismo actual (donde el mundo es gris, ambiguo y racional) esta noche, necesaria, es la noche de la ilusión e incluso de los sueños. Relato brevemente mis sensaciones tras una temprana pernoctación intranquila y un despertar alegre como niño:

“Había pedido una bicicleta a los Reyes. Ni tan siquiera sabía montar en ella pero quería aprender con deseo. El día amaneció más rápido de lo esperado y fui con rapidez al comedor de tele en blanco y negro. Cerca del sofá arenoso estaba reluciendo con sus ruedas blancas, cuadro azul y sillín de cuero. Eso percibí en un primer momento. También vi dos letras: B H y un lugar donde la bicicleta brillaba como un todo: el comedor del piso con su ventanal hacia la terraza acristalada. Acercándome a ella la toque y comencé a ver más partes. La dinamo en la rueda de atrás y dos faros sencillos metidos en blanco: uno naranja, delante, y otro rojo, detrás. Tampoco le faltaban sus ruedas traseras para empezar a adquirir el equilibrio."
Un equilibrio que solo he conseguido físicamente.
Contemplar la bicicleta nueva fue un momento muy intenso y emotivo. Recuerdo su brillo como si lo hubiese visto ayer. Recuerdo sensaciones subjetivas; momentos sueltos y evaporados junto a ella. En uno de esos momentos, que ahora aparece, mi padre empezó a soltarme después de sujetarme durante semanas con días sueltos. Empezó a soltarme unos metros desde el sillín o desde el trasportín. Al final aprendí el equilibrio sobre dos ruedas. Mi padre me enseño a guardarlo.
Actualmente estoy buscando el equilibrio en mi mente y en mi vida. Un equilibro más allá de mis necesidades, de las religiones o de las ideologías. Un sitio externo a ellas y respetuoso con todos y todo. Creo que nunca lo conseguiré. Seguiré siendo un animal hombre vulnerable y necesitado. Seguiré siendo un hombre, a mi pesar, frágil. Un hombre amigo de la alegría y del dolor; incluso del celo no deseado que llega sin piedad.

Que los Rayes Magos se porten bien con vosotros. Mucha ilusión en el año que ha comenzado. Me gustaría que el regalo que os diesen los Magos de Oriente fuese un gigantesco número de momentos de salud y felicidad.Muchos de vosotros, como yo, escribís esta carta todos los años; la escribís en vuestra fantástica mente sin saberlo:

“Ayúdame a ser feliz con salud. Libre y feliz.”
Os aprecia: Constantino Carenado; el amigo de los Reyes Magos.