11 de enero de 2010

812

No cejaré en mi empeño de seguir intentando comunicar algo aunque os parezca una absurdez a vosotros. Sea lo que sea y cuando sea. Las palabras seguirán brotando mientras tenga tiempo de pronunciarlas o escribirlas. Lo siento mucho por ustedes y por vuestro ego dañado. En esta ocasión, o si lo preferís hoy, voy a hablar del límite de la pobreza desde el punto de vista de un acomodado como yo. Un chimpancé acomodado que escribe porque le gusta y “le pone tela”; en ocasiones es hasta orgásmico. Si no sabéis lo que es un “orgasmo literario”: joderos.

Sabéis, porque lo he dicho aquí y en otros sitios, que estoy parado y recibo la prestación contributiva, de momento. Sabéis, y si no es así lo expreso de nuevo, que muevo currículum y escribo. Sobre todo lo segundo (pese a quien le pese) sin olvidar lo primero. Llevaba un tiempo pensando en presentar este documento fidedigno en honor al número que titula estas absurdas palabras de un absurdo hombre cabreado desde hace años. Lo que indico arriba es lo que gano en estos momentos y supone renunciar a cosas que antes disfrutaba. No eran grandes cosas pero si eran frecuentes. Eso, de momento, terminó.
Este texto de hoy no debe ser interpretado como una queja si no como una reflexión fundamentada en mi propia experiencia. No pretendo comunicar que quiera más o quiera menos. Para muchos de ustedes soy una carga, lo demostráis constantemente, y me la suda bastante (por eso continuo tecleando a vuestro pesar), en algunos comentarios del blog y en la vida real. Agradezco vuestra estúpida franqueza; porque mi estúpida franqueza está (y estará) siempre presente (no os ofendáis).
Hasta es posible que penséis que soy un ingenuo. No hace falta que os esforcéis: lo soy. Soy un ingenuo y me gusta; me hace sentir como un niño con ganas de aprender e inmaduro.
Esta larga introducción lleva a un desarrollo corto durante el mes de Diciembre pasado. Observad:

812
- 53 (comunidad)
- 100 (pago parcial de deuda con un amigo (reducida al 50% por ser navidad))
- 80 (fin de semana ultra económico en Cáceres) (incluye transporte)
- 60 (IBI) (gasto extra- siempre hay alguno-)
- 110 (prestamos de finales del mes pasado por no llegar a fin de mes)
- 13 (registro en cultura de Ellas y Noé)
- 35 (luz)
- 35 (encuadernado de varios libretos de Ellas y Noé) (para pasar a amigos…)
- 20 (décimo de lotería de Navidad)
- 80 (otros no pornográficos –privado- )
- 30 (prensa diaria –para ver lo que hacen los políticos (básicamente)-)
- 33 (café diario en bar)
- 12 (comida de la gata +gel + varios)
- 50 (teléfono fijo e Internet )
- 35 (teléfono móvil)
Dejan un resto de 66 euros para tirar durante el mes, y no introduzco aquí las cuatro o cinco “cenas económicas” en que he estado con amigos o solo (por aquello de salir de casa un rato más allá de la biblioteca ,o más allá de un paseo por el parque Maria Luisa- con sus hojas secas caídas ,o cayendo-).
Reconozco, públicamente, que algunos amigos (y hermanos) han pagado la factura (delicada pero factura) alguna que otra noche. Gracias desde aquí.

Este acto de sinceridad puntual deja claro que puedo bajar gastos.
¡Claro!
¿Me quedo en casa y no salgo?
¿Me quito la conexión a este Internet donde desfogo y me doy a conocer en mi absurdo antropomórfico “chimpancesco”?
¿Salgo solo para dar un paseo con un paquete de pipas?
¿Dejo de ir al cine?
Hace un mes y pico iba hasta cuatro veces al mes; ahora veo las películas en línea (lo cual no es lo mismo, por mucho que digan algunos agarrados). No me gusta el acto de no pagar por la visualización de una película ,pero no hay otra forma de disfrutar de este ocio desde la “ligera pobreza” que padezco.

Podría sacrificar algunos puntos, aunque no todos, pero bajaría mucho más mi calidad de vida. Y doy gracias a que existen bibliotecas y tengo unos cuantos libros por leer en mis estanterías (comprados cuando podía adquirirlos). Tengo hasta libros que estudiar.
Esta situación tan estrecha me hace pensar sobre la vida que llevan personas que ganan el salario mínimo (600), o una pensión no contributiva (380), o alguna ayuda no contributiva (450),…o los que no reciben nada (000; o patada en los testículos).
Me pongo a temblar de pensarlo.
Doy gracias, también, por tener pagado mi techo. Respiro tranquilo y me alegro de haber comprado el piso en el año 1998 (antes de la especulación salvaje).

Os ofrezco estas cifras por mi amor a la transparencia antes que para vuestra crítica. Esa crítica que llegará si os place. Será bien recibida mientras sea educada.
El objetivo de este artículo no es que me “fusiléis”, si no que entendáis que una vida cómoda, como la que llevaba con mis 1200 euros, ya no es posible. Y que conste que no cometía grandes excesos. Era un gran amigo de la tapa y la cerveza (negocio para los bares con cocina). Ahora eso ya no es posible.

El chimpancé parado que escribe con ánimo.

Posdata: me asusta pensar lo que hace diez años eran 812 euros: 134.792 Ptas. Un café costaba cien pesetas y un piso como el mío cinco millones de pesetas (reformadito y todo). Con la entrada del euro y diez años por medio el café cuesta: 182 Pts (1.1 euros) y por un piso como el mío piden (esto lo sé por una vecina) treinta millones de pesetas (una salvajada).
Es curioso pero en diez años la vida ha subido, usando estos datos, mucho más que el IPC ese del que hablan. Un IPC cuya cifra ignoro de donde la sacan. Nos han tomado el pelo. La estadística permite eso. La estadística, el instrumento matemático más frágil, permite este tipo de “engaños”. Permite manipular los datos según se trabajen unas variables u otras. Los datos estadísticos son muy moldeables sin dejar de ser fieles a las ecuaciones usadas.
Evidentemente soy pobre, aunque no estoy arruinado. Pienso en otras personas y se me ponen las gónadas en la garganta. Lo siento por ustedes y por mi, espero que esto no continúe mucho tiempo. Confío en nuestro despertar ético aunque sea pesimista.