27 de noviembre de 2009

Nora III -continuación-

Este texto ,de la saga de Nora ,se lo dedico a mi amigo "LL" y su novia :"La Exmusa de Poniente". Os deseo , desde este sencillo blog de un hombre enfadado con el mundo, lo mejor con una de las historias más optimistas que he escrito en este entorno. Felicidades y buenos deseos.


Pilar aparece en el patio. Mira hacia el agua y mira a los niños. Repite la secuencia. Incrédula pregunta a su hija la mayor:
- Oye Nora. ¿El agua está bien?
- ¿Por qué mami?
- Me pareció verla Rosa.
- Si. Es verdad. Pero el Eloy lo ha arreglado.
- ¿Qué lo ha “arregláo”?
- Si. Mamá. El agua se puso rosa y el Eloy nos pidió ayuda y lo arreglamos.
- Lo arreglasteis…Vale Nora. Esto es muy raro. No diré nada. Seguid jugando.
- Gracias Mamá. Te quiero mucho.
- Yo también Nora. Yo también. ¡Anda! Sigue jugando.
Nora, dando saltos de comba y piola, se dirige a la piscina saltando entre sus hermanos para dar por saco. Delia y Eloy estaban tranquilos y Nora lo estropea. El Eloy, o la Delia, hacen lo mismo muchas veces.
La pequeña Delia, molesta, se pone a llorar a mandíbula abierta.
- ¡Mamá! Nora me está “moestando”. ¡Mamaag!
- Delia. Ya está bien. No llores. Si no lloras te dejo jugar con mi Nintendo.
- Inf... Vale. No me mojes más.
Los tres hermanos siguen bañándose hasta el aburrimiento general. Nora se sale con la tela rosa en la mano. Continuará con la cometa hasta terminarla. Nora es de esas niñas que acaban lo que empiezan. Una niña responsable. Cuando le suban las hormonas, le crezcan los pechos y le baje la regla: ¿Qué sucederá?
Solo el tiempo y ella lo saben. Nora se seca y continua montando la comenta, su cometa, con la tela mojada y todos los materiales que ha preparado. Sigue con precisión y mesura todas las instrucciones de Constantino Carenado.
Engarza los dos ejes de madera de arce, bañados previamente en tapa poros –los compró así-. Coloca una cuerda haciendo el contorno romboide alrededor de la cruz, y la pinta de blanco para que proteja el cáñamo de la luz; del aire. Fija la cuerda con largas puntillas con un poco de cabeza. Tres por cogida. A continuación pone la tela y la va tensando con calma y fijando con chinchetas. Cuando se da cuenta ha terminado la cometa rosa. Solo le queda la cola. Con su cometa rosa en la mano le busca una cuerda sencilla. Una cinta de embalar paquetes de regalos. Una cinta roja, para una cometa rosa. El único rollo que tiene es de color rojo y, por narices, la cola de la cometa rosa será roja. No queda otra. Conforme a las instrucciones de Constantino le pone seis metros de roja cola. Contenta, como unas pascuas, deja la cometa y va ha hablar con su madre. La encuentra rápido. La encuentra en la cocina.
- Hola mami.
- Dime Nora.
- Estas friendo croquetas.
- Si
- ¿Te ayudo?
- ¿Has hecho los deberes?
- Los hice esta mañana. Ahora estoy de vacaciones.
- Vale. ¿Qué quieres?
- ¿Podemos ir al rio grande?
- ¿Cuándo?
- Ahora o esta tarde. Quiero volar la cometa.
- ¿La del garaje? ¿Esa que has montado tú?
- Si. Mamiii.Vengaaaa.
- Después de comer. Vamos.
- Gracias, mami.
Corriendo a zancadas gigantes camina, presurosa, Nora. Solo le queda enganchar la tanza de nylon en los extremos del eje más largo de la cruceta.
- ¡Que nervios! –grita para sí misma-.
El almuerzo fue largo para Nora. Tantas ganas e ilusión provocaban un tiempo lento, pesado, desesperante…
- ¡Que “ilu”!
Para la Delia y el Eloy el almuerzo fue otra historia. Sus eternos problemas para ingerir los alimentos, en las horas indicadas, no podían dejar de aparecer hoy. Ni hoy, ni nunca. Aunque Nora, antes del crítico almuerzo, había intentado persuadir a sus hermanos mellizos sobre la ilusión que tenía por volar la cometa, terminado pronto de almorzar. Sus repetidas peticiones no habían servido para nada porque sus queridos hermanos habían hecho lo de siembre; habían desarrollado la misma y constante agonía del almuerzo.
Pilar- Delia. ¡Quieres comer ya!
Delia- No me gusta.
Pilar- ¡Delia! – Mirando enfadada a la más pequeña de la casa- ¡Venga ya!
Nora- “Porfá” comed bien. Quiero volar la cometa rosa.
Eloy- Vale Nora. ¿Te hace “ilu”?
Delia- Vale. Pero me tienes que dejar cogerla. Si no, no como bien.
Nora- Te dejo cogerla después de mí.
Delia- Bueno. Venga. Tu primera. Pero si no me “déja” después. Lloro.
Nora- Vale. Me hace mucha “ilu”. ¡Qué nervios! ¡Gracias Eloy! –Dándole un beso en la mejilla derecha- . ¡Gracias Delia! –Dándole un beso en la mejilla izquierda- .
El beso del Eloy retumba ante su poderosa intensidad. El de la Delia también. Ambos besos están llenos de cariño, aprecio, afecto y deseos. Deseos de que sus hermanos coman bien; coman “ligero”. Coman.
Cinco de la tarde. Pilar y los niños están en el Rio Grande. Pilar ha elegido para aparcar, y volar la cometa sin muchos problemas, una zona estrecha del camino que va paralelo al rio. El aire corre dulce desde Poniente. Todo indica que Nora podrá volar su rosa cometa. Los niños comienzan a jugar de inmediato. No pueden evitarlo.
Pilar- Ala, venga. A volar la cometa.
Nora la saca del maletero junto a la cola roja y el hilo de traslucido nylon. Sus hermanos la acompañan casi marcándola, como un defensor a un delantero. Eloy habla primero.
Eloy- ¿Te ayudo?
Nora- NO. Puedo sola.
La hermana mayor coge, con su mano derecha, el rombo volador con su cola; y con su mano izquierda prende el rollo de nylon y un lápiz gordo para sujetar su posible vuelo. Ríe feliz. Hace viento y es optimista. Más optimista, de lo que ya es. Sus altas expectativas, anexas a su permanente optimismo, le recuerdan, en su mente, las palabras de Constantino:
“La cometa tele transportadora necesita buenos pensamientos. Busca un sitio que te guste y vuélala. Te llevará a otro sitio“.
Una leve carrera, un poco de aire, mucha ilusión y el rombo de tela rosa comienza a subir ascendiendo. Sin creerlo y sin esperarlo Nora desaparece del rio grande. La cometa está muy arriba pero Nora. Nora no esta. Ha desaparecido. La cometa permanece fija en el cielo sobre el rio. Nadie se ha dado cuenta. NI sus hermanos ni su madre. El hilo de nylon se interrumpe hacia otro sito.
El estudio es luminoso pero triste. Tiene una televisión culona, de esas que son antiguas, y un equipo de música de esos gordos y llenos de watios.
Nora- ¿Dónde estoy? -Con la tanza, el lápiz y un hilo que se corta en el techo de la extraña estancia-.
Un hombre de aspecto nórdico, pero sin serlo, que está cagando escucha un sonido en el comedor. Sale que se las pela y sin limpiarse.
- ¿Quién anda ahí?
- Hola. Soy Nora. Y no sé porque estoy aquí.
- ¿Nora? ¿Aquí? Espera que me limpie y ahora vengo. No te vayas -más nervioso de lo habitual en él-.
El “nórdico” se limpia bien, y sale presuroso a charlar con la extraña niña. Ni en las películas más fantásticas se hubiese imaginado algo así.
- ¿Quién eres? ¿Qué sujetas?
- Me llamo Nora. Y sujeto mi comenta. Creo, creo que esto es transportarse.
- ¿Transportarse?
El “nórdico” y Nora quedan charlando. La cometa continúa en Rio Grande y son las cinco y cinco de la tarde. Una tarde de un domingo cualquiera. Delia, Eloy y Pilar no se han dado cuenta de que Nora. La primogénita. Nora no está.