14 de septiembre de 2009

La amenza sobre la punta del Iceberg.

El siguiente texto va a ser, nuevamente, duro. Ruego que aquellas personas sensibles y delicadas no continúen la lectura. Puedo ofender a más de una persona e, incluso, a más de dos personas.
Hace pocos días recibí una amenaza y no voy a denunciar nada en absoluto, porque equivaldría a remover excrementos de varios colores. También, tengo que reconocerlo, esa amenaza tiene fundamentos homínidos o primates más que éticos. Por ahí tengo que hocicar y tolero su actitud pero no la acepto. Por eso he subido este artículo de opinión. Cosas de mi mente obsesionada por la transparencia.
No voy a expresar todos los datos y conjeturas porque, esos datos y conjeturas, van a formar parte del último capitulo del proyecto, que pensaba concluido, Esperpento. Lo titularé, apoyándome en una idea de mi amigo “LL”: Epitáceo mental. En la novela, si sale algún día, presentaré todos los datos que puedo ofrecer como parte expresiva. Inevitablemente serán parciales. Pero si no reconociese mi parcialidad seria un ser humano falso (aunque realmente soy un chimpancé sincero –inevitablemente-).

Los personajes de este incidente somos: Cándido (el marido de Medusa), un servidor (Constantino Carenado) y Medusa en la distancia de los s.m.s. y la manipulación de su esposo para usarlo como un perro de presa. Evidentemente, deducirán, que la amenaza ha venido de Cándido. Una amenaza fruto de la desesperación y de mi descaro y franqueza. Ignoro si algún día me costará la vida. Me da igual. Quizás me entienda alguien alguna vez. Aunque pienso que no. Siento decirlo pero “soy vuestro esclavo”; no puedo estar enfrentándome al mundo con el verbo y la palabra tal cual gladiador desarmado y verborreico accesible a las flechas del rencor y la verdad; o la verdad y el rencor.

El domingo pasado estuve revisando algunos capítulos de Esperpento y retome el hilo de la lectura de algunas de mis aventuras con Medusa. Irremediablemente me puse malo, muy malo, tremendamente malo. En consecuencia irresponsable y transparente comencé a enviarle mensajes a Medusa. Creo que en tres días le envié unos cuatro mensajes. Uno de esos mensajes era un texto largo de cinco mensajes concatenados que terminaba con estas dos palabras sinceras:

Paz y Sexo.

Es probable que os recuerde pares como: amor/ guerra….pero no me creo esa dualidad. Entre otras cosas porque no hay amor. Lo que todos ustedes llamáis amor no es más que necesidad compartida. Así de sencillo. Os engañáis a vosotros mismos pero no me importa decir esto. Mi franqueza es así. Que le voy a hacer. Si lo desean pueden expresar a alguna autoridad:

-¡Esta loco! ¡Está loco! ¡Está loco! Y después decir: Pobre hombre. Pobrecito.

Me va a dar igual. Este asunto de la necesidad compartida, de la que hablaré algún día si me dejan mis amigos y conocidos, se apoya en un simplismo. Este es el simplismo en dos preguntas y dos respuestas:

-¿Si amáis de verdad como podéis permitir que continué el hambre y la miseria?

- Porque no amáis. Simplemente buscáis satisfacer vuestras necesidades compartidas con alguien. Las demás personas os importan “un carajo”.
- ¿Si amaseis de verdad como es posible que os guste la pereza y la desidia cuando estáis desocupados mucho tiempo?
- Porque no sabéis valorar vuestro tiempo. Ni siquiera os queréis a vosotros mismos como para decir:
¡Ahora que tengo tiempo es el momento de aprender lo que no pude. No es el momento de drogarme y hundirme ante un tiempo que me sobrepasa. Es una oportunidad de aprender y crecer a costa del sistema! (esta última aseveración es una paradoja impresionante en la que estoy metido hasta los huesos).

¡Saltimbanquis!

Pero este tema del “amor” lo retomaré otro día. Voy a continuar con la amenaza que he recibido.

La palabra Paz y Sexo era el colofón del sms que envié a Medusa con un epígrafe suyo:

“La desesperación lleva al límite ,y la esperanza al final”
(Medusa finales del año 2008)

Solo sé que esta frase se la escuché a Medusa; y la he usado ,para mi, tras desesperarme por poseerla de nuevo. Tras desesperarme ,estúpidamente, hacia la consecución de una nueva cópula.

Jueguen con su imaginación: “La desesperación lleva al límite y la esperanza al final…” etc.etc.etc.etc.etc (mensajes intermedios para ustedes)….Paz y sexo.

A los tres días del envió del mensaje Cándido, el marido de Medusa, aparece, una acabada tarde, llamando a mi densa puerta.

-Tengo que hablar contigo.
-Por supuesto. Tomemos un café. Tenía ganas de hablar contigo hace tiempo.
Salimos a dar un corto paseo por nuestro inhóspito barrio y me pregunta:
- Es verdad el mensaje que le has enviado a mi mujer.
- Si. Es verdad. Siempre quiero que conste cada una de las palabras que he dicho. No como sus otros amigos que solo la llaman.
- No me toques los cojones. Entonces ya no eres mi amigo y esta actitud pacífica que he tenido contigo ha terminado.
- Yo siempre he sido y seré un hombre de paz. Los mensajes eran para que quedase constancia.
- No me toques los cojones (otra vez). Como vuelvas a enviarle un mensaje a mi mujer no se cuales serán las consecuencias. No sé si podré controlarme como hasta ahora. Es mi mujer y yo su marido.
- Ya pero…
- No me toque los huevos.
- Pero….
- Tengo que aguantarte porque somos vecinos y por eso te saludaré.
- Yo también. Tienes que entender que yo soy….
- No me toques los cojones. Ni un mensaje más. ¿Has proclamado un rumor por el barrio?
-Yo no he proclamado nada. El rumor ya estaba.
- No me toques los huevos.
- Dado que te pones así. Así lo haré. Esto ya es un sin sentido. Me gustaría hablar más.
- Déjanos en paz. Y no me toques los cojones porque no sé si podré controlarme la próxima vez.
- De acuerdo. Adiós.
- Adiós.

Con los huevos en la garganta entre al rato en mi casa. La relación con Medusa había acabado por la intervención amenazante de su esposo “perro peleón”. Solo quería decirle que yo era la punta del iceberg. Pero no pude. Solo quería decirle eso. Que su mujer es una ninfómana y que tiene que aceptarlo en lugar de buscar culpables. Inevitablemente sabe que su mujer es un pendón desorejado y no quiere que nadie se lo recuerde (quizás deba irse al mundo de la princesa cisne). Ha actuado como un carnudo ofendido. Y, sinceramente, es un peligro y acojona. Sencillamente, después de tantos años, debería aceptarlo y punto.
¿Es tan difícil?
Que siga su vida de carnudo y punto. Pero no quiere aceptarlo y yo me he convertido en un nuevo indeseable; en una nueva amenaza. Desde que conocí a Medusa su marido ha intervenido, contándome a mí, en tres “amenazas” a terceros: el cordobés, las examigas del bar “las prensas” y un servidor. Para mi desgracia vivo muy cerca. Por miedo a sus actos interrumpo toda relación con esta familia tan extraña en que Medusa, claramente, es la reina o, mejor dicho, la reina de la colmena de la anarquía. Supongo que habrá otras familias parecidas; rezaré cuando pueda por vosotras. Aunque soy agnóstico no reniego de la oración como procedimiento de “recuerdo y transmisión de buenos deseos hacia los conocidos y desconocidos”.

He sido la punta del iceberg porque yo lo he querido y deseado. Soy un “elemento” transparente, claro y sin tapujos…Sin embargo he sido amenazado y muchas personas comprenderán la actitud de Cándido antes que la mía. No será más que una actitud de autoengaño; como la que yo aplico en mi vida en otras ocasiones.
Es muy triste que la violencia continué siendo la solución a muchos conflictos. Aunque, en este caso, solo ha sido una amenaza. Solo eso. Pero el futuro lo desconozco. Pase lo que pase no me voy a ir del barrio. Eso es lo que hay, Sr. Cándido. Eso es lo que hay, querida ninfómana Medusa.
El mensaje no contenía ninguna amenaza sobre la vida de nadie. Solo transportaba una propuesta desesperada como muchas otras que le hice a Medusa desde mi visión pacífica y ansiosa de más sexo. He sido, otra vez, más transparente que el agua destilada. Pese a quien le pese.

El chimpancé salido ha escrito otra vez.

Posdata I: Paz y sexo para todos.
Posdata II:
Más detalles sobre el incidente en el libro derivado del “proyecto Esperpento”. Cuando salga al mercado, si sale alguna vez, no sé cual será su título. Si sale alguna vez antes de que me mate alguien…
Cuando me suceden estas cosas temo por mi y temo por mis familiares…Píenselo, agresor. Piense en mi madre y en todas las madres de cualquier victima de la violencia o de la amenaza. Píenselo agresor. Píenselo si aún es capaz de leer.