21 de julio de 2009

Excursión a Madrid.Parte cuatro:melancolia.

Ahora no voy a llorar pero estoy triste. He ido a Madrid para ver a mi familia y he vuelto lleno de melancolía. He vuelto un poco mal. Cuando se visita la ciudad en que naciste puede pasar eso.
Madrid, y el barrio en que nací, se han quedado con mi infancia y la primera parte de mi adolescencia. Ir a Madrid, para mí, es ir al pasado. El Madrid de los setenta, era tan distinto. Eran mis primeras salidas con los amigos, los primeros usos del metro, la primera vez que fui al cine sin mis padres.
Que pasado, ahora, tan extraño.
Recuerdo visitar la plaza Colón para ver una película de serie B:
“La isla de los monstruos”
Que extraño es el pasado…puede hacer que te olvides del presente. El pasado puede, incluso, devorar el presente. Eso me sucede hoy.

Yo he cambiado y el propio Madrid, también. Un Madrid multicultural. Y eso, quitando los inconvenientes, tiene su encanto y riqueza. Pese a quien le pese. Andar por Madrid se parece en eso a hacerlo por Paris. Nada que envidiar paseando por el Prado o por Atocha.
El Madrid de hoy es cosmopolita (“pueblo del cosmos”) o quizás “multipolita” (“múltiples pueblos”).

Recogiéndome en mi melancolía pienso en mi presente y en mi futuro. Habréis leído, todos aquellos que aguantáis mi enfado y mi estilo literario –por llamarlo de alguna manera-, mis gritos letrados; mis discursos de quejas, enfados y rabias. Pienso que todo este esfuerzo personal, y redundante, es para nada. Pienso que tal esfuerzo ha sido para nada.
Son y han sido gritos en el vacío; porque todo va a seguir igual de mal, o peor.
En mi vida he leído a muchas personas clamando por una idea urgente para cambiar el mundo:

¡Resolver el hambre de los pobres! ¡Resolverlo ya! Orden de prioridad: UNO.

Más continúa siendo un problema ignorado; secundario o terciario…
En mi se agrava la sensación de que tanto esfuerzo no sirve para nada.
En mi pobre mente aparece y se repite este grito:

¡Tanto esfuerzo y pataleo es inútil!

¿Han leído el artículo de Marta Iglesias de la revista FUSION?
¿Cómo puede especularse con los alimentos?
¿Cómo se permite eso?
¿Por qué?
¿Todo es negocio?

También tengo otras ideas que incrementan mi melancolía y me llevan a la tristeza. Son las enfermedades en personas a las que quieres, en personas que te importan…
¿Enfermedad de Crohn o sus mulas?
¿Enfermedad?
¿Quien se merece una enfermedad o la falta de salud?
Sinceramente…
¡Nadie!
Y menos personas a las que quieres.
¿Qué sucede?
¿Por qué el sufrimiento?

Es posible que los únicos que ganen en estos desenlaces sean los genes.

¡Quizás todo sea consecuencia del gen egoísta!

Cada vez entiendo menos los sucesos de este mundo. Y doy gracias a los buenos momentos y las sonrisas…
¿Este es el mundo que merecemos?
¿Este es el mundo que queremos?

La enfermedad llega deprisa y se va despacio (frase sacada de un proverbio bambara)

¿Se me ha olvidado algo?
Porque no comprendo este universo.


¿Qué ha hecho Richi para merecer esto?
¿Y Carmela?

En mi melancolía, y su próxima tristeza, vuelvo a plantearme más preguntas:

¿Por qué este mundo es tan extraño?

Tienen suerte los mentirosos; los canallas y fracasan los buenos de corazón.

¿No será el momento de la ira de los pacíficos?
¿Qué puedes decir, amigo Nórdico?


No será el momento de una ira verbal y reivindicativa.
¿No será el momento de la palabra?

¿No será el momento de llevar la palabra a su grado de máxima intensidad?

¿No será el momento de la guerra dialéctica?
El momento del debate.

El momento de desacreditar a los sinvergüenzas afortunados.
Porque, en este extraño mundo, las personas sin ética y con mucha imagen suelen tener suerte.
¿Por qué?


Como pueden decir algunos que las continuas crisis de estos dos últimos siglos, y esta de ahora, no son consecuencia de una economía de mercado apoyada en filosofías tribales de miras cortas e intensamente posesivas.
¿Cómo es posible que todos digamos?
¡Eso es lo que hay!

Pues quizás sea el momento de decir NO.

Comenzar a usar esta palabra y poner en evidencia a los oportunistas sin ética con vistas situadas en su propio horizonte; en lugar de situar sus vistas en el horizonte de los demás, que es lo que habría que hacer.
¡Fin del egocentrismo!
Que socialmente parecemos niños de cinco años.
¡Proyección hacia los otros!

Ruego una guerra dialéctica
Contra los nuevos dictadores
Contra los responsables


¿Quién esta en la cúpula de las decisiones?
No digáis que nadie.

Si el sistema no funciona; hay que cambiarlo.

Que cansado estoy de decir lo mismo;
Y de que tantos digan y hayan dicho lo mismo.


¡Estoy harto!
Y me parece, solo me parece,…
¡Que no nos enteramos!

Y entro en la desesperación. Pero una desesperación por mi mundo y su funcionamiento fraudulento y “podrío”.
Y que conste que mi mundo personal esta bien aunque no es perfecto. Mi mundo personal esta bien porque hago lo que me gusta:

Yo escribo.
Os escribo.
Escribo para nada y para nadie.
Intento cambiar el mundo,
Porque me he cambiado a mí:
¡Soy un chimpancé!

Por eso me siento triste
Y estoy melancólico.
Por eso estoy aquí.
Con mis palabras inútiles
Con mis palabras sinceras.

Palabras de un hombre triste
Por mí y por ustedes.
Triste por todos,
Por mi mundo azul.

Constantino Carenado. Un madrileño soñador que ahora es sevillano adoptivo.