29 de junio de 2009

Enamoramientos. Conversaciones con Josquin.

Ahora, en este momento del espacio-tiempo, quiero dedicar una letras de reflexión y crítica a las conversaciones recientes que he tenido con mi amigo J.
No he hablado mucho de J en este blog. Creo que nunca. Pues ya va siendo hora. Va siendo hora hoy. Ahora.

J es el protagonista varón de mi novela Rosa.et ; que está a punto de salir en breve. J es feliz y ha cambiado a mejor con los años; como los buenos vinos. Su franqueza, en ocasiones inoportuna, su seguridad laboral y su capacidad de improvisación lo hacen un hombre, en muchos sentidos, original y envidiable. Lógicamente según quien mire sus acciones vitales y sus circunstancias personales. La cuestión es que lo que he dicho arriba es lo que pienso. Pocas personas pueden trabajar en lo que les gusta; y él lo hace. Lo mío con él es envidia sana. Porque gran parte de mis últimos años los he pasado trabajando por la pasta, y no por lo que me gustaba o me gusta. Algo habitual y triste. Solo ahora, de manera transitoria, no le envidio porque estoy haciendo una de las cosas que me atrae como a muchos otros y otras…estoy escribiendo en “plan bestia”.
Y en mi caso escribo tanto porque la prestación por desempleo me lo permite. Esto ya lo he mencionado en anteriores artículos de este blog. Un blog que no creo que dure mucho
¿Saben por qué?
Porque estoy preparando un artículo para vapulear Google. Y Google es, en la “blogosfera”, ahora mismo mi casa. Este artículo de enfado vendrá en breve y será otra historia; quizás la última de este blog. Dicho esto ,vuelvo con mi amigo J…

Mis recientes conversaciones con J. han rotado en torno a mi exagerada tendencia a “enamorarme” de las tías. El setenta por ciento de las tías me gustan….Tengo un problema. Bueno…
¡Tengo muchos problemas!
¡Problemas dulces y sinuosos llenos de prudencia y control!
¡Problemas con la dualidad evolutiva!
¡Problemas con las tías!
Normalmente cuando me gusta una solo me gusta esa y no hay otra posible mientras dure la atracción (pueden ser años que ya no estoy dispuesto a tolerar). En esto lo tengo claro. La cuestión es que la mayoría de las tías acaba queriéndome solo como amigo. Y el problema de siempre vuelve a surgir.
¿No comprendéis que eso no puede ser?
¿No comprendéis que cuando me gusta una mujer me gusta?
¿No comprendéis que eso es lo que hay?¿No comprendéis que eso no va a cambiar mientras os vea con frecuencia?...
Mientras os huela, observe vuestros gestos como el que contempla una flor desde cerca, para maravillarse con ella y de ella…mientras…os desearé más aún.
¿No lo comprendéis?
Si no os gusto y me gustáis… ¡pasad de mí! Lo prefiero. Olvidaos que estoy al lado y continuad vuestro camino en la vida porque en el mío, que no sé cuanto va a durar, quiero algo más pleno, algo más intenso, algo más denso que mis fantasías alimentadas por una “amistad femenina” que ni se roza contigo para no alimentar mi deseo (un acto circense sin eficacia porque como romántico me he “enamorado” de vuestros gestos , incluso vuestra voz,…)
No hablo de amor. Solo creo en el amor cuando pasan los años y pasa el tiempo. Yo hablo de atracción. Hablo de ganas de estar con la mujer que me gusta o el hombre que me gusta (es una aclaración; soy “hetero” y respeto a los “homo”) .Solo hablo de eso.
Y siento deciros que la mayoría de las amigas que he tenido, he dicho mayoría, me han gustado tanto como para intentar copular con ellas.
Y no tengo un tipo de mujer definido con claridad.
La diferencia en mis sentimientos hacia vosotras surge cuando miro vuestro cuerpo (me han gustado hasta los cilíndricos); o miro vuestra sonrisa; o miro vuestro pelo al viento (aquí la musa Poniente se ha llevado la palma-ufff-); o cualquier otro gesto sensual…me vuelvo loco emocionalmente; o sentimentalmente. Se me desata el deseo contenido y pasa a gustarme la “mujer amiga”.
Cuando me gusta una amiga lo que siento y “padezco” no tiene nada que ver con lo que siento por un amigo. Lógicamente si no hay reciprocidad, lo correcto en romper la relación aunque pese. Ya he tenido demasiados intentos de cambiar mi atracción por solo afecto y he conseguido, siempre, el máximo fracaso y un agujero emocional de órdago meteorítico (o sea gigantesco).

Amigo J. soy muy enamoradizo, muy “enchochadizo”, o como quieras entenderlo, y eso; eso es así. Frase que repite mucho mi última y breve musa Poniente de la que recuerdo, en estos momentos, su pelo volando al viento en el reflejo del retrovisor…Un sentimiento turbador y casi mágico…tocar ese pelo y poseerlo entre mis dedos y sobre mi cara. Acariciarlo…posarme sobre él…-ufff-Termino ya porque me estoy poniendo tierno…

Amigo J. Esto es lo que hay en mí y no voy a cambiarlo. Solo cambiaré los ciclos que ya no serán de años sino, como máximo, de meses. Estoy seguro que algún día aparecerá una mujer que diga…voy a intentarlo, este hombre me gusta. En ese momento solo sabremos ella y yo si la “compota” tiene caducidad o es perpetua.
¿Alguien conoce su destino?
Yo no. Quizás lo sepa mi alma. Pregúntale a ella porque yo no conozco su lenguaje. Yo no conozco el lenguaje de la vida y menos el de el alma. La vida, o el alma, o los genes…me han hecho ser como soy.
Un hombre enamoradizo, sincero, algo bocazas, franco, fiel a ideas y sentimientos y, a mi manera, amable. Un hombre que se acerca a un chimpancé para salvar las contradicciones y absurdos de la especie a que pertenece.
Constantino Carenado; un hombre que es tu amigo porque no quiere copular contigo…
¡Menos mal! J.
Gracias por estar ahí; y por preocuparte por mí en la distancia que siempre esta cerca.
Gracias, Jota.