27 de mayo de 2009

¿Hay que ser prudentes?

Mi amiga M siempre me ha dicho que sea prudente. Y M no tiene nada que ver con Medusa. M y Medusa solo tienen en común que son del mismo sexo. Nada más.
Voy a expresar la definición de prudencia que he encontrado: templanza, cautela, moderación, sensatez, buen juicio. Una de las cuatro virtudes cardinales que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo; para seguirlo o huir de ello.
¡Ándale! Como dicen los mexicanos.

Hoy voy a vapulear el concepto prudencia. Lo voy a hacer añicos si verbalmente se deja. Y voy a mezclarlo con un concepto primo hermano de él. Ese concepto tan emparentado, desde mi inútil perspectiva, es: miedo.
Lean la definición del diccionario. Miedo: Perturbación, angustia del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
¡Toma! Como digo yo entre otros muchos.

Con estas dos excusas no dicotómicas quiero jugar hoy. Bueno llevaba detrás de esta discusión interna un buen tiempo. ¿Hago el artículo o no? "Recuerda que dicen que eres un imprudente y puede ser duro para ti o para los demás" Pensaba para mi durante la maduración de este texto estúpido como todos los míos. Pero me importa un rábano lo que piensen, porque voy a seguir dándole a las teclas hasta gastarlas.
Total que, como decía Medusa cuando tomaba una decisión, ¡Lo voy a hacer!
La imprudencia de un conductor puede matar a otros. La imprudencia de un trabajador de una fundición, o de una construcción, o de una cocina industrial,…puede hacer daño a otros e incluso matarlos.
Pero, siento decirlo, la imprudencia en las palabras no tiene que suponer ningún peligro para nadie. Porque estamos en una sociedad donde se admite la libertad de expresión. En eso me amparo.
Y si voy a ser imprudente con lo que digo o escribo, y si voy a generar mal estar con mis expresiones e ideas; me gusta la sensación porque es un acto de provocación. Es una crisis de ideas y opiniones lo que busco; aunque puede ser que solo genere insultos. Una crisis que puede llevar a ciertos replanteamientos o a ninguno. Eso no depende ya de mí. Ni de mis preocupaciones. Ni de mis opciones o luchas contra el estatus quo. Quien quiera leer que lea, quien no que lo deje. Total este Constantino Carenado, o sea yo, reconoce ser un chimpancé peludo o no peludo según se preste.

Comienzo el ataque escrito:
“…Discernir y distinguir lo que es bueno o malo…” ¿Quién dictamina eso? ¿Bueno o Malo? ¿Cómo ha dicho Sr. Diccionario? ¿Estáis seguros de lo qué es bueno y de lo qué es malo? ¿Bueno y malo para quien? ¿Para ti? ¿Para el que te paga? ¿Para el que te grita? ¿Para el que te obliga? ¿Para tu imagen en el barrio? ¿Para la familia? ¿Para la empresa? ¿Para mis genitales? …Ufff. Me he pasado otra vez.
Siento decirles que no tienen ni idea de lo que es auténticamente bueno o malo.
¡No tienen ni idea!
Están, como cuando me examinaba de un trimestre sin estudiar, pegados. ¡Muy pegados! Es lo que pienso. O como mi profesor del instituto que siempre estaba mandándonos a coger coquinas cuando no nos enterábamos, o estudiábamos algo.
¡A coger Coquinas!
Tendríamos que ir todos y más aún los que toman las decisiones. Si, si, lo políticos y burócratas sobre todo. Y de muchos empresarios, no todos, de ellos mejor no hablar. Hay prefiero ser prudente o, como se dice….Hummm: Ah, si, ahora recuerdo: mentiroso. Y, no puedo olvidarme de ellos, muchos congéneres conocidos y amigos.
Todos: ¡A coger Coquinas!
Hay situaciones en que la dicotomía bueno/malo a mi se me presenta muy clara; pero otras veces no es así. Y esas veces en las que tengo auténticas dudas son muchas, más de las que quisiera y desearía.

“…cautela…” Interesante palabra. Muy interesante. ¿No es esa una actitud de los cazadores? O ¿De los oportunistas? O ¿De los pendencieros? O ¿De los interesados en algo o alguien?…Lean esta acepción que, seguramente, no es la oportuna: “astucia, maña y sutileza para engañar” O esta otra: “precaución y reserva con que se procede”…Huele a miedo. ¡Toma! He dicho miedo. Perdón, tendría que haber dicho: ¡Apesta a miedo!
“…templanza…moderación…” Son palabras de siervos y servidumbre. Siento decir esto pero lo veo de esta manera. Irremediable e inevitablemente. Entendiéndolas semánticamente, desde mi visión de ignorante verborreico, aprecio un sabor muy intenso y cercano a la palabra servicio. Servicio a los otros. ¡Cuidado! No a cualquiera; sino servicio a la jerarquía establecida. Son claros términos de domesticación. ¡No te quejes! ¡No grites! ¡No hables! ¡No digas eso! ¡Ten cuidado! Porque el que tiene el poder sobre ti te puede machacar, odiar, repudiar e, incluso, olvidar. La moderación nos aproxima al concepto de animal de granja. ¿Acaso somos ovejas? ¿Tenemos claro quien es el pastor? ¿Y sus secuaces? ¿Hasta donde llega el redil o la valla? ¿Somos animales de granja? Yo pensaba que no. Por eso soy un chimpancé en una selva.

“…para seguirlo o huir de ello…”. Normalmente un homo Estupid de a pie huye de aquello a lo que tiene miedo y sigue lo que le interesa. ¿Qué le interesa? Pues, normalmente, su ombligo. Aquí no puedo dejar de hablar de Anna (bloggera) que utiliza el término en sus escritos con intenciones próximas a las mías (o era el revés: próximas a las suyas –no me acuerdo-), solo que con mucha más delicadeza. Y, después de su ombligo, le interesan sus familiares y, si hay suerte, sus amigos. Detrás de esas fronteras de relaciones no hay nadie. ¡Nadie!
¡Huele a interés! ¡Apesta a egoísmo! Se les han olvidado los otros; los desconocidos por nuestra limitación temporal y relacional. ¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿No hay más mundo ni más personas?

Siento decirles que la prudencia ideológica, o verbal, no es más que un concepto emparentado con el control y la manipulación. Así de sencillo y evidente para mí. Y a quien le duela que se rasque.
¡Deberíamos ser críticos!
Y no lo somos porque el que es muy crítico puede tener problemas para efectuar las siguientes costumbres y hábitos:
-comer todos los días.
-tener un cobijo donde tener un espacio íntimo de convivencia (con personas y/o animales), reflexión y descanso.
-relacionarnos con los otros y otras. Los muy críticos pueden tener problemas con sus amigos y amigas si no aceptan el juego de la franqueza y las discrepancias argumentadas. He perdido amigas, por ejemplo, por mi franqueza y mi descaro. También por sus hábitos de mentir para conseguir algo. Pero estas son otras historias. Mi “proyecto esperpento” habla sobre eso.
-pagar las facturas con eso que llaman…Hummm…dinero. Eso, dinero. Una herramienta tecnológica que se ha convertido en objetivo vital… Y más tecnológico imposible porque ahora pagamos, ocasionalmente, con números que van de una cuenta a otra. Y ¿Qué es una cuenta? …Lo dejo… Me estoy enrredando.
- ...
Así pues; desde mi punto de vista, les recuerdo que es el de un chimpancé, la prudencia no es más que el miedo a perder algo que valoramos o que nos han dicho que es importante.

¿Quién nos lo ha dicho?
Pues muchas veces lo ha dicho la simple costumbre y la respetable tradición.
Y otras nos lo han dicho nuestras necesidades y como cubrirlas siendo prudentes para, siento decirlo, que las cosas sigan igual.
En el pasado cuando se detectaban estas contradicciones en el sistema social y político se recurría a la violencia y a la agresión.
En esos casos la estupidez era mayúscula. Un tremendo error.
Con la violencia y la agresión solo se ha conseguido odio, salvajismo, barbarie “justificada”, caos y dinero para los que se quedaban detrás de la trinchera o vendían las armas.
¿Violencia?
Eso es una ¡Estupidez humana amplificada! ¡La máxima estupidez!

En esto no me merece la pena entrar. Ese no es el mundo que quiero, ni el que busco, ni el que deseo aunque en algunos países y pueblos sigua ocurriendo.
¿Homo Estupid?
Pues si.

Pero voy a ir terminando.

La prudencia es una actitud de corderos miedosos que sienten pavor a salir de su finca o de su granja.

Esta es una de las razones por las que las cosas no funcionan. Porque no actuamos al ser miembros y siervos de la actual dictadura que sigue ganando batallas contra las ideas de cambio.

¡La dictadura del Capital!
Un neoliberalismo que no quiere ceder sino crecer y expandirse.

Y Quien niegue esto es ciego. Y no tengo nada en contra de los ciegos, perdónenme.

Y si alguien piensa en la violencia, se ha equivocado de sitio.
Porque éste es mi grito y dice así:

¡Estamos dormidos!

Incluso dice así:

¡Estáis dormidos!


Constantino Carenado. Un chimpancé sin pelo o con pelo. Como prefieran.

Posdata: Ya he hablado antes sobre el miedo. Lean, si quieren, el artículo de este blog que he llamado: Enfadado con el mundo. Quizás me entiendan ,o puede que no.