6 de abril de 2009

Trabajador ciego pero no invidente.

Paco es un perito amigo de la rutina y amigo de su trabajo. Acaba de abandonar la línea veintiocho para coger el Metrocentro. Esta amaneciendo y la oficina está al final del recorrido, próxima a Plaza Magdalena y, por ende, a Plaza Nueva.
Paco, sistemático y sistémico, busca su posición en el tranvía. O sea siempre la misma. Es tal su proceder que busca el mínimo recorrido posible caminando desde el bus hasta tal puerta del metro, y desde tal puerta del metro hasta la oficina.
¡Así andas menos! ¡Así inviertes menos tiempo!
Paco es un poco obeso, como Constantino, pero se desplaza ligero (yo no, lo siento, solo ando ligero cuando tengo prisa).
Esta mañana, cuando entra en el tranvía, observa a una sevillana guapa poco tiempo porque rápidamente está trabajando con el teléfono. ¡Es urgentísimo llamar a Jesús! Teclea en el celular una posición de la agenda mientras el gusano pacifico recorre la calle San Fernando. Paco no ve, ni mira, ni “escucha” el amanecer que alumbra la antigua facultad de Derecho. Edificio que se expresa entre sombras naranjas de columnas y ángeles de piedra. Paco no ve, de momento. Solo oye al comercial que esta toreándole.¡Y el material de la Palma ¡¿Dónde esta?
Mientras Paco habla, el tranvía llega a la parada del hotel Alfonso XIII. En dicha parada entra Constantino con su café matutino ingerido. Rápidamente localiza charlando a Paco. Su amigo y compañero de trabajo.
-“¡Ahí está Paco! Y está liado “
Paco sigue hablando con el proveedor, con el distribuidor, con el comercial que hace su trabajo de torero magistral. Mientras hablan, Paco no ve como se acerca la Catedral con el giraldillo en lo alto. ¡Paco no ve más que su trabajo! ¡No ve! No ve la catedral ni ve a su amigo. Inicia su siguiente llamada. Y suena el teléfono de su amigo. Suena el teléfono de Constantino con su melodía infinita que interrumpe colgando el celular.
¿Alguien ha interrumpido el infinito? ¿Se puede hacer eso?
Paco se queda en cuadro. ¡Éste tío me ha “colgáo”!
Entonces me acerco a él que ni me ha visto, ni escuchado.
-¡Quillo! Que quieres. Mamón.
Paco, sonriendo, responde sorprendido:
- Buenos días.No te había visto.
- Buenas.Ya me he dando cuenta – le respondo con cara de “ajo porro”-.
Mientras hablamos, el tranvía ha parado en correos y el giraldillo saluda desde lo alto de la giralda. Pero nadie lo ve. Nadie.
El giraldillo coloca su escudo como paraguas y su lanza hacia el horizonte. El giraldillo se mueve. Se cubre ante el sol del amanecer para saludarlo y nadie, nadie.
¡Nadie lo ve!
Ignorado, toma su posición original como estaba.
¡Cómo veleta que es!
Se queda mirando al viento.
Y, un día más, se siente ignorado
Por los sevillanos.

Abajo, en el tranvía, la conversación entre Constantino y Paco ha terminado. Una llamada de teléfono, antes de la ocho, domina el diálogo de Paco nuevamente. Constantino observa la fachada de la Catedral que los deja con rapidez. La fachada nueva, la fachada restaurada e impresionante que no ve Paco en su laboral vorágine.

¿Para que tanta vorágine?
Mientras te pierdes lo importante.

¿Qué es lo importante?
¡Solo trabajar!

Mira a tu alrededor. ¿No lo has visto?
¿Solo ves en Semana Santa?
Con las imágenes circulando por calles preciosas e impresionantes.
Y las personas contemplando el paisaje
De cirios, capirotes; bandas y capas.
¡Músicas procesionales!

¡Mira tu ciudad! ¡La ciudad que te vio nacer!
¿Te has olvidado de ella?...
¡Sí! Te has olvidado.
Por qué eres un fanático del trabajo.

Ni tan siquiera has visto como llegábamos un día más a la Plaza Nueva que te saludaba con palmas de pasos; sonidos de puertas abriéndose; y sensores de presencia evitando que las puertas machacasen a alguien como una nuez o una almendra.
Salimos a la Plaza en la última parada. Apenas hemos hablado. El teléfono ha vuelto a ganar la partida.

¿Ese es el futuro?
¿Ha muerto la intimidad?
Y aquí me tienen gritando esto.
¡Bueno! ¡Escribiéndolo!

¡Apaguen los móviles!
De vez en cuando.
Y miren como arriba el gusano pacifico
A la plaza.
Como arriba girándose
Y con su pitido saluda
Al gusano que sale.

Seamos más humanos.
¡Miren a sus vecinos!
¡Miren la ciudad en que viven!

A Paco le cuesta eso.
Porqué solo ve números.

¿Es usted Constantino?
¿O es usted Paco?


N.B: Paco, te aprecio. Sigo siendo tu amigo (si no me desheredas tras esto).
Constantino Carenado

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